jueves, 24 de enero de 2013

Cádiz

Llegué a Cádiz a las siete de la mañana aún de noche, donde me recibió una parada de bus alejada, al comienzo de la ciudad, con una vista de edificios y comercios.
Sin saber dónde estaba o a dónde iba, qué haría, o por qué estaba allí...
y preguntandomelo...
en esa ciudad tan al sur,
tan al oeste,
tan desviada de la ruta...
acomodé la mochila y el pañuelo en el cuello, empecé a andar...

fue entonces que la sentí...
esa brisa con aire de mar
ese aire fresco, aromado de olas y viajes transoceánicos
esa brisa que quien vive cerca de sus aguas, sabe que se está en casa
ese aliento que entra en el cuerpo,
despeja,
libera


descubrí que había entrado por el sur, cuando el sol empezaba a desperezarse
los colores en el cielo me invitaron a seguir caminando
las sombras de los edificios empezaron a sacar brillo a la sonrisa,
que se despertó con la primera bocanada de aire

el paisaje cambió
escuchaba las olas
y las fachadas empezaron a mostrar su edad
el sol me animaba con calor
y una gaviota me acompañó a volar

                                                                                                             ¡Buen día, Cádiz!

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