una pequeña escala en Quimper
y una vez más tras las huellas de Girondo
cuando estaba viajando en el tren a Rennes
releí una vez más palabras de Girondo
un poema que se llama Paisaje bretón
una sorpresa
no recordaba que estaba situado en el pequeño pueblo,
al que me dirigía a pasar el carnaval
Paisaje bretón
Douarnenez,
en un golpe de cubilete,
empantana
entre sus casas como dados,
un pedazo de mar,
con un olor a sexo que desmaya.
¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas!
¡Tabernas que cantan con una voz de orangután!
Sobre los muelles,
mercurizados por la pesca,
marineros que se agarran de los brazos
para aprender a caminar,
y van a estrellarse
con un envión de ola
en las paredes;
mujeres salobres,
enyodadas,
de ojos acuáticos, de cabelleras de alga,
que repasan las redes colgadas de los techos
como velos nupciales.
El campanario de la iglesia,
es un escamoteo de prestidigitación,
saca de su campana
una bandada de palomas.
Mientras las viejecitas,
con sus gorritos de dormir,
entran a la nave
para emborracharse de oraciones,
y para que el silencio
deje de roer por un instante
las narices de piedra de los santos.
y una vez más tras las huellas de Girondo
cuando estaba viajando en el tren a Rennes
releí una vez más palabras de Girondo
un poema que se llama Paisaje bretón
una sorpresa
no recordaba que estaba situado en el pequeño pueblo,
al que me dirigía a pasar el carnaval
Paisaje bretón
Douarnenez,
en un golpe de cubilete,
empantana
entre sus casas como dados,
un pedazo de mar,
con un olor a sexo que desmaya.
¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas!
¡Tabernas que cantan con una voz de orangután!
Sobre los muelles,
mercurizados por la pesca,
marineros que se agarran de los brazos
para aprender a caminar,
y van a estrellarse
con un envión de ola
en las paredes;
mujeres salobres,
enyodadas,
de ojos acuáticos, de cabelleras de alga,
que repasan las redes colgadas de los techos
como velos nupciales.
El campanario de la iglesia,
es un escamoteo de prestidigitación,
saca de su campana
una bandada de palomas.
Mientras las viejecitas,
con sus gorritos de dormir,
entran a la nave
para emborracharse de oraciones,
y para que el silencio
deje de roer por un instante
las narices de piedra de los santos.
se me pareció bastante a las palabras de Oliverio
especialmente un Douarnenez vestido de carnaval
les déguisements ne reconnaissaient pas l'âge
et pour la matin leurs dépouilles se recherchaient dans les tasses de café
l'uns l'autres, se heurtaient comme les vagues -déferlantes- sur les rues du port
beurrés de paillettes
beurrés de paillettes
los disfraces no distinguían edad
y por la mañana sus resabios se buscaban en tazas de café
unos a otros se embestían como olas sobre las calles del puerto
borrachos de brillos










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